El piso flotante transformó la forma de renovar pisos en Chile: es rápido de instalar, accesible y luce muy bien. Pero elegir el modelo equivocado para un ambiente puede arruinar la inversión en pocos meses. Estas son las claves para acertar.
Fíjate en la resistencia (clase AC)
Los pisos flotantes se clasifican según su resistencia al desgaste, de AC3 a AC5. Para dormitorios y espacios de poco tránsito, un AC3 basta. Para living, comedor o pasillos muy usados conviene un AC4. Si tienes mascotas, niños o un local, apunta a AC4 o AC5.
Considera la humedad del ambiente
El flotante laminado tradicional no se lleva bien con el agua. Para cocinas, baños o lavaderos elige un piso vinílico (SPC o WPC), que es resistente al agua y mucho más tolerante a la humedad típica de esos espacios. En el sur de Chile esta diferencia es aún más importante.
El grosor importa para el confort
Un piso más grueso (8 mm o más) se siente más firme al pisar, aísla mejor el ruido y disimula las pequeñas irregularidades del radier. Los modelos muy delgados son más económicos pero suenan huecos y se notan más las imperfecciones del piso original.
No olvides la preparación de la base
Gran parte de los problemas de un piso flotante no son del material, sino de la instalación. La base debe estar nivelada, seca y limpia, con su film de humedad y su espuma. Saltarse estos pasos provoca pisos que suenan, se separan o se levantan con el tiempo.
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